El discurso de hierro de Lilliam Nieves

ironmaiden03Tener una conversación con Lilliam Nieves es toda una experiencia sónica. Su voz está hecha para teatro. Ella entona claramente. Habla con holgadas pausas. De cuando en vez aprieta el puño al describir su arte. Cuando dice algo que considera importante, te mira a los ojos y baja el tono de voz sin perder esa entonación distintiva. Su énfasis en la idea se mantiene en ritmo. Igual puede saltar de una conversación seria a carcajadas con mucha facilidad, entrelazando sarcasmo con buen humor. El trabajo artístico de Nieves también mantiene esa entonación particular. Apreciar su obras es casi como escucharla dirigirse a un público amplio. Igual que Frida Kahlo o LaToya Ruby Frazier, su voz retumba ya que su identidad está presente en sus autorretratos. Y es que cuando Nieves habla, ya sea en persona o a través de su obra, siempre va directo al hígado. Lilliam Nieves es una excelente comunicadora. Experta transformando su experiencia de vida en un comentario sociocultural. Cosa que demuestra valentía, liderato y dominio del escenario del teatro del arte.

 

Con Iron Maiden la artista nos presenta un discurso estruendoso, como una especie de Ted Talk hardcoroso -sin las partes sentimentales – sobre la opresión emocional y cultural de una sociedad Caribeña paternalista, misógena y conservadora. El hierro y la reja son las metáforas y material empleados por la artista para amplificar su discurso. Pero no nos confundamos, Lilliam no es la dama de hierro a la que alude el título de la exposición ni a pesar de que en primera instancia nos da esa impresión al observar el retrato de una Nieves coronada, hastiada y diabólica en la invitación a la exposición. Historiadores aseguran que  Iron Maiden era una arma de tortura en la época Medieval. Algo como un sarcófago a escala humana, o caja de muerto, de acero con afiladas puyas en su interior y en el cual la víctima era obligadx a entrar. Al cerrarse las puertas de Iron Maiden, la víctima quedaba ensartada y revestida por una coraza de puyas. Para Nieves la percepción de la belleza en nuestra sociedad es como una dama de hierro que aprisiona con reglas, órdenes y “slut-shaming.”

 

Así como las puyas de la Iron Maiden, las coronas esculturales de la artista parecen burlar el machismo estético de Richard Serra. Las piezas de hierro de Nieves también son peligrosas por su peso y terminaciones puntiagudas. Si no la sujetas bien en tu cabeza, la corona se cae y te puede cortar la piel. Igualito que en Miss Universe donde la ganadora se sujeta a la corona como si su vida dependiera de ello.  A la misma vez,  con titulos como Plastic Queen y Dubi Queen, se puede hacer una lectura sarcástica hipsteriana de las coronas por su contrucción artesanal y reciclaje rústico que tanto vemos hoy día en gastro pubs. De nuevo, la crítica social y cultural de lo que son las expectativas de amoldarse a una moda superficial en una escena social obsesionada con la apropiación.

 

Beauty Queen 2En Iron Maiden las coronas se complementan con una serie de grabados en bloques de madera. Grabados que en realidad son relieves monocromáticos ya que la artista no utiliza la impresión en papel como obra final sino que tan solo usa el bloque de madera sobresaliendo de la pared. La materialidad del diseño producido por ese rasgado de la gubia es representativo de su pellejo. En Beauty Queen II, Nieves ha alargado una foto de su cuerpo en Photoshop para enflaquecer su figura y en Beauty Queen III, una pieza de gran formato, el autorretrato la presenta parada como gigante sobre una especie de globo terráqueo en ropa interior, botas, llevando su corona de hierro en la cabeza y cargando en la mano un taladro como si fuera un arma. De nuevo, otro objeto que perfora el pellejo. Beauty Queen III hace referencia al poster de propaganda de las segunda guerra mundial We Can Do It! (1943) de J Howard Miller en el que una mujer “coronada” con pañuelo se alza las mangas de su uniforme para enseña mollero. El poster estaba diseñado para subir la moral de la fuerza trabajadora. Nieves acentúa su versión con un pequeño detalle: el “select icon.”  Ese detalle completa la transformación de una forma tradicional y artesanal como el grabado con la alteración photoshop digital de nuestra era digital.   Beauty Queen III no es solo un comentario social sino que una reflexión personal sobre una intervención quirúrgica necesaria a la que la artista tuvo que ser sometida por problemas de salud y que a su vez dió paso, por causalidad, a una transformación estética en la cual Nieves bajó de peso. Ese evento de transformación cambió la forma de ella mirarse en el espejo y la forma en que otros la miraron de arriba abajo y juzgaron. La misma Nieves ha dicho que un quebranto de salud la llevó a convertirse en una Cenicienta: “pesando 200 libras me convierto en una mujer de 115”. Suena dramático, y lo es, pero lo que hace esta reflexión de Nieves memorable es el sarcasmo y la  auto-humillación al estilo  Amy Schumer, quien recientemente apareció posando en ropa interior tomándose un café en la 43ra edición del famoso calendario Pirelli. Liderado conceptualmente por Annie Leibovitz, Schumer  junto a Serena Williams y otras figuras de belleza no usual ni aceptadas culturalmente, reinventaron radicalmente la idea del calendario sexista.

 

Cuando hablamos de reinvención radical, ya Lilliam Nieves ha estado en ese territorio con su icónica pieza A little help for my lypo! (2009). En esta pieza de apropiación, la artista se presenta en ropa interior mostrando su protuberante vientre en una especie de autorretrato casero en una lata de esas que usan la gente que se para el las luces a pedir chavos.  La etiqueta lee: “Lilliam necesita una liposucción urgente para así poder dejar de usar su adicción al Photoshop.” Una vez más, la voz de Nieves retumba. La artista se niega a ser víctima pasiva y se para en tribuna a dar su discurso poniendo su cuerpo en la línea de fuego y al servicio de la responsabilidad social. Este es el retrato vivo de la artista como espejo de la sociedad en el cual se ven reflejados sus prejuicios colectivos. Muchas veces ese reflejo los repudia y es porque se ven a ellos mismos.

 

Pedro Vélez